Adiós a las papitas: escuelas de Querétaro declaran la guerra a la comida chatarra

En una cruzada digna de superhéroes en bata de laboratorio y maestros con silbato, la USEBEQ ha lanzado una estrategia para regular lo que los niños comen en las escuelas. ¿El objetivo? Combatir la obesidad infantil. ¿El método? Gradualito, no vaya a ser que alguien se indigeste con tanto cambio.

Luis Antonio Ángel Uribe, Director de Calidad e Innovación Educativa (título largo, pero importante), explicó que esta nueva iniciativa ha sido bien recibida por los padres de familia, quienes ahora deberán revisar que sus pequeños no lleven papitas ni juguitos azucarados en la lonchera. «Lo han recibido bastante bien», dijo. Claro, nadie quiere ser el papá que lleva zanahorias mientras todos los demás llevan galletas con chocolate.

El cambio viene… eventualmente

Según la USEBEQ, no hay prisa. Cada escuela tiene su propio ritmo, su propio plan y su propio comité de mamás multitarea. “Sabemos que los cambios no pueden ser abruptos”, afirmó Ángel Uribe. Porque claro, eliminar el chicharrón preparado de la dieta escolar es casi tan complejo como una reforma fiscal.

Las 438 cooperativas escolares ya están siendo “invitadas amablemente” a modificar sus menús. ¿Impacto en sus ventas? “No nos lo han hecho saber”, respondió el director. Tal vez porque nadie quiere ser el primero en confesar que extraña vender papas con salsa Valentina.

Los puestos de fuera, también bajo la lupa (o al menos bajo una invitación cordial)

Sobre los puestos afuera de las escuelas —donde se puede encontrar desde elote con mayonesa hasta nuggets callejeros— también se ha hecho “la invitación” a sumarse a la estrategia. Algunos ya venden productos más saludables. Aplausos para los que cambiaron las frituras por pepinos con chile (aunque sigan ahogados en limón y sal).

Eso sí, Ángel Uribe dejó claro que regular estos puestos no es bronca de la USEBEQ, sino de la Secretaría de Salud. Ellos solo ponen la mesa; otros tienen que levantar los platos sucios.

¿Y si el niño lleva un juguito? Pues se le invita a reflexionar…

Por ahora, no hay sanciones . Los maestros deben trabajar desde “el enfoque educativo”. O sea, si ven a un alumno con una soda, no le quitan el envase: lo invitan a pensar en su salud mientras bebe su azuquitar. ¡Todo muy zen!

Eso sí, se está considerando que cada escuela establezca sus propias reglas en los acuerdos de convivencia escolar. Traducido: si tu escuela decide que las papitas son el enemigo, pues toca guardarlas en casa. ¿Y si no? Pues todavía no pasa nada… por ahora.

¿Y los festivales con pizza y pastel? Tranquilos, también serán «transformados»

En eventos como el Día del Niño —donde reina la pizza, la coca y el pastel— se propondrán alternativas “formativas, educativas y saludables”. Imagina una piñata de zanahorias y un menú de frutas con amaranto. Suena… nutritivo.

Los comités de padres también serán claves en esta nueva era sin chatarra, aunque aún se están escribiendo las reglas de operación. Todo pinta a que habrá más juntas escolares que nunca, pero ahora con jícama en lugar de galletas.

Educación física: una vez a la semana y contando

Sobre la actividad física, sí, sigue siendo solo una clase a la semana. Pero no se preocupen, que “seguramente” la SEP federal hará algo. Mientras tanto, los niños seguirán corriendo cinco minutos y sentándose otros 50.

Ah, y se hizo una jornada de peso y talla en marzo, en conjunto con el IMSS, el ISSSTE y la Secretaría de Salud. Pronto sabremos cuántos niños pesan más de lo que mide su mochila. Las cifras serán reveladas más adelante (esperamos no nos dé diabetes nomás de leerlas).


Conclusión:
La estrategia está en marcha. Lenta, diplomática, saludable y —cómo no— con un toque de buena voluntad. El enemigo no son las papitas, sino la falta de conciencia. Por eso, la USEBEQ prefiere invitar antes que castigar, concientizar antes que prohibir, y capacitar antes que regañar.

Porque cambiar un país se empieza por cambiar el recreo. Uno sin papas, pero con mucho amor (y jícama, mucha jícama).