Entre multas, arrestos y escobas: así avanza la justicia cívica en San Juan del Río
San Juan del Río volvió a sacar las cuentas —y esta vez con números en mano— sobre cómo anda la seguridad y, sobre todo, cómo se están portando las y los ciudadanos cuando cruzan la delgada línea entre la convivencia y la falta administrativa. El presidente municipal Roberto Cabrera Valencia, acompañado del secretario de Gobierno, Abel Espinoza Suárez, y de la directora del Juzgado Cívico, Laura Lizbeth Zamora, dio a conocer los avances del modelo de justicia cívica, ese que busca corregir conductas antes de que escalen a problemas mayores.
El mensaje fue claro: en San Juan del Río la idea no es castigar por castigar, sino resolver conflictos de manera rápida, ordenada y, cuando se puede, pedagógica. A través de la justicia cívica, quienes cometen faltas administrativas o de tránsito tienen acceso a juicios orales y, según el caso, enfrentan multas, arrestos o trabajos a favor de la comunidad, una fórmula que busca que el infractor entienda el daño causado y lo repare, aunque sea con escoba, brocha o chaleco fosforescente.
Laura Lizbeth Zamora detalló que, en lo que va del segundo periodo de la administración, se han presentado 7 mil 109 personas por la probable comisión de faltas administrativas. La estadística no engaña: la gran mayoría son hombres, con poco más del 92 por ciento, mientras que las mujeres representan apenas el 7.8 por ciento. Del total, 256 corresponden a adolescentes. Las principales corporaciones que canalizan estos casos son la Secretaría de Seguridad Pública Municipal y la Policía Estatal.
Una vez que la persona llega al Juzgado Cívico, se revisa que se cumplan las condiciones para una audiencia en la que se determina la sanción. Aquí el abanico es amplio, pero el arresto sigue siendo el más común, con un 60 por ciento de cumplimiento. Le siguen las multas económicas con el 22 por ciento y el trabajo comunitario con el 14 por ciento, mientras que las amonestaciones quedan como la opción menos frecuente.
Las conductas que más dolores de cabeza generan siguen siendo viejas conocidas: ingerir bebidas alcohólicas en la vía pública, portar instrumentos para el consumo de sustancias tóxicas, armar escándalos en estado inconveniente, alterar el orden público o desafiar a la autoridad. Nada nuevo bajo el sol, pero sí bien contabilizado.
En el terreno del trabajo comunitario, los números también hablan. Un total de 979 personas han sido sancionadas con esta medida, acumulando 6 mil 280 horas, de las cuales ya se han cumplido 5 mil 513, lo que representa un avance cercano al 90 por ciento. Las jornadas, que pueden ir de cinco hasta 36 horas según la gravedad de la falta, se han realizado en coordinación con áreas como Seguridad Pública, Prevención del Delito, Control Animal y Desarrollo Social, alcanzando ya 41 colonias y comunidades del municipio.
En materia de hechos de tránsito, se han abierto 310 expedientes, de los cuales el 70 por ciento se ha resuelto mediante acuerdos de reparación de daños entre las partes. Cuando no hay arreglo, la sanción llega, aunque esos casos son los menos.
Desde la Procuraduría Social también se reportaron 166 quejas atendidas, principalmente por maltrato animal, conflictos vecinales y daños derivados de accidentes viales. En los casos de maltrato animal, 20 personas han sido sancionadas con trabajo comunitario, sumando 260 horas, con un cumplimiento del 61 por ciento hasta el momento.
Otro dato que no pasó desapercibido fue el seguimiento a personas con problemas de adicciones. Gracias a un convenio con el Centro Estatal Contra las Adicciones, nueve personas han sido canalizadas a procesos de rehabilitación. Ocho ya concluyeron su tratamiento y se encuentran reintegrándose con sus familias y a la vida laboral, mientras que un caso continúa en proceso.
Finalmente, las autoridades subrayaron que el sistema de justicia cívica no camina solo con cifras, sino con capacitación constante del personal, apostando por la profesionalización, la mediación y la cultura de paz. Porque, al final del día, la meta no es llenar celdas, sino construir convivencia, aunque a veces toque hacerlo a base de horas comunitarias y llamadas de atención bien aplicadas.













Debe estar conectado para enviar un comentario.